jueves, 15 de noviembre de 2012

Verguenza Contra Dinero: Mitt Romney y Lo Que Verdaderamente Representa

Por Aníbal E. Melo
AnibalMelo@Yahoo.com



La elección presidencial del 2012 me lleva a plantearme dos preguntas.

Una es: ¿Cómo es que el Partido Republicano pudo poner a alguien en la boleta presidencial que tan descaradamente personifica los excesos de un "capitalismo de casino" que casi ha destruido la economía y abrumado la democracia estadounidense?

Otra es: ¿Porqué Obama y los demócratas no denunciaron eso con más fuerza?

Durante la campaña Obama criticó a Mitt Romney por sus años frente a "Bain Capital", pero nunca lo conectó abiertamente con la plaga más grande del capitalismo moderno.

Es sorprendente que toda la crítica a Romney y al Partido Republicano, se haya quedado en un "él dijo que... y yo digo que".

El problema real no es la historia personal de Mitt Romney, sino lo que él representa.

Bain Capital al igual que JPMorgan Chase, MF Global y Goldman Sachs, por mencionar a algunas, son parte de un sistema que ha convertido a la economía del mundo en un salón de apuestas que casi implosionó en el 2008, destruyendo millones de puestos de trabajo y los ingresos de millones de hogares.

Los ganadores de ese sistema son los ejecutivos de Wall Street, los empresarios, y los administradores de fondos de capital privado.

Los perdedores somos la mayoría.

Este sistema es en gran parte responsable de que la mayor concentración de los ingresos de la nación y de la riqueza sea el más alto desde el siglo XIX.

Hoy en Estados Unidos, existen 400 estadounidenses super-ricos que poseen una fortuna igual a la detentada por 150 millones de personas sumadas.

Estos multi-millonarios y billonarios intentaron activamente comprar el resultado de las elecciones del 2012 y con ello, la democracia estadounidense.

Los principales actores de ese sistema, como Romney, hacen sus apuestas con el dinero de otros.

Si las apuestas van bien, ganan.

Si van mal, les cargan el dado a los trabajadores y a los contribuyentes.

Las fortunas recaudadas por los negociantes financieros dependen de golosinas especiales establecidas por ley en el Código Tributario, como por ejemplo, las que le permiten a Romney y a sus socios el tratar su ingresos como "ganancias de capital," mismas que tributan a un máximo de 15 por ciento.

Así es como Romney logra pagar un promedio de 14% sobre ingresos estimados en más de $42 millones de dólares, lo que no hace sentido económico para la nación.

Los conservadores tratan de justificar la preferencia generosa del código de impuestos a las ganancias de capital como una recompensa a quienes corren riesgos.

Pero Romney y otros que invierten en capital privado, corren pocos riesgos, por lo menos de su fortuna personal.

Apuestan con dinero de otros inversionistas, incluyendo los ahorros de pensión de los trabajadores de la clase media.

Otra parte de la ley de impuestos, le permite a los socios de capital privado el colocar casi cualquier cantidad de sus ganancias en una cuenta de impuestos diferidos o, IRA, mientras que al resto de nosotros se nos limita a unos pocos miles de dólares al año.

Romney por ejemplo, puede valorar cualquier parte de su inversión, incluso en cero, debido a que el Código Tributario considera que las participaciones en las sociedades sólo tienen valor en el futuro.

Eso explica porque el IRA de Romney es de más de $100 millones.

El Código Tributario subsidia el capital de Romney y de gran parte del resto del sector financiero, haciendo que los intereses de sus deudas sean deducibles de los impuestos.

Estas maniobras cambian todo el riesgo económico hacia los empleados, que muchas veces no pueden pagar lo que deben.

Eso es rara vez un problema para los inversionistas financieros que tienen carteras lo suficientemente diversificadas para soportar algunas pérdidas, o para los que ya han tomado sus ganancias.

Esto causa estragos en las vidas de las personas promedio ya que cuando las compañías para las que trabajan no pueden cumplir con el pago de sus salarios, estos pierden sus casas, sus automóviles y agotan sus ahorros.

Tardó más de una década para que Estados Unidos se recuperase de la Gran Depresión del 1929, y pasarán muchos años para poder recuperarnos totalmente de la terrible crisis financiera del 2008.

Romney fundó "Bain Capital" en 1984, y pronto la convirtió en una empresa financiera lucrativa cuya misión era hacer grandes cantidades de dinero lo más rápidamente posible.

Del 1980 al año 2007, las ganancias del sector financiero representaron las dos terceras partes de todo el crecimiento económico del país.

Al mismo tiempo, los salarios de la mayoría de los estadounidenses se estancaron ya que los empleadores, bajo la creciente presión de Wall Street y de firmas de capital privado como Bain Capital, recortarón las nóminas y enviarón los empleos hacia el extranjero.

El año 2008 sólo interrumpió brevemente dicha bonanza.

Según un análisis de "Bloomberg Markets", del año 2011, los directores financieros de las cincuenta principales compañías de Estados unidos, vieron aumentar sus salarios en un 20.4%, en la medida en que los salarios de la mayoría de los estadounidenses se desplomaban.

De acuerdo con Bloomberg, Romney ganó millones ese año.

Y es, que hemos entrado en una era de oro, de la cual Mitt Romney es un reflejo perfecto.

La Era de Oro original fue un momento de dinamismo de hombres ricos, furiosas riquezas y un desdén por cualquier persona que no tenía características agresivas.

A Romney le encaja ese papel a la perfección.

Sin darle mente, desafió a un oponente a una apuesta de $10,000 y habla de los varios Cadillacs propiedad de su esposa.

Hace cuatro años pagó $12 millones por su cuarta casa.

Una Villa de 3,000 metros cuadrados en La Jolla, California, con techos abovedados, cinco baños, una piscina, un jacuzzi y vista sin obstáculos al Mar Pacífico.

Romney tiene planes para derribarla y sustituirla por una casa cuatro veces más grande.

Hemos tenido presidentes ricos antes, pero todos han sido traidores a su clase:

  • Teddy Roosevelt, peleó contra los "ladrones de gran riqueza".
  • Franklin Roosevelt, contra los "monárcas económicos".
  • John F. Kennedy, apeló a la conciencia de la nación para vencer la pobreza.

Romney es lo contrario.

Queria hacer todo lo posible para que los super-ricos fuesen aún más ricos y los pobres aún más pobres.

Justifica todo con un darwinismo social velado.

No es casual que el darwinismo social fue también la filosofía reinante de la era dorada original, impulsada en los Estados Unidos por William Graham Sumner, un profesor de ciencias políticas y sociales de la Universidad Yale, que torció las ideas de Darwin para convertirlas en una teoría que justifica la desigualdad de la época de bronce: La supervivencia de los más aptos.

Romney utiliza la misma lógica cuando acusa al Presidente Obama de crear una "sociedad de mendigos", simplemente porque millones de estadounidenses desesperados se han visto obligados a aceptar cupones de alimentos y seguro de desempleo.

O cuando opina que el gobierno no debería ayudar a los propietarios de viviendas en dificultades, sino dejar que el mercado "toque fondo".

O cuando propone con entusiasmo un presupuesto republicano que reduciría 3.3 billónes de dólares de los programas de ayuda a las personas de más bajos recursos en la próxima década.

Es la misma visión de "la supervivencia del más apto" del señor Sumner, quién advirtió en contra de la gente pobre que calificaba de "negligentes, indolentes, ineficaces, tontos e imprudentes".

Cuando Romney, propone reducir los impuestos de las familias que ganan más de $1 millón de dólares al año porque supuestamente son los "creadores de empleos", imita la visión de Sumner de que "los millonarios son producto de una selección natural, y que deben ser preferenciados ya que cumplen el rol de realizar grandes funciones."

En verdad, todo el derrame republicano sobre la economía no es más que un renacido darwinismo social.

La primera Era de Oro, fue también la última vez que Estados Unidos estuvo a punto de convertirse en una "plutocracia", un sistema de gobierno de, por y para los ricos.

Fue una época en que los lacayos de los muy ricos, literalmente, ponían sacos de dinero en los escritorios de legisladores maleables.

Los senadores llevaban los apodos de las grandes compañías cuyos intereses servían, y los reyes de las finanzas decidian cómo la economía estadounidense debía de funcionar.

El potencial de una gran riqueza en manos de unos pocos respecto de las instituciones democráticas fue siempre una preocupación constante en el siglo XIX, en la medida que los magnates del ferrocarril, del petróleo y del sector financiero acumulaban poder.

"La riqueza, como el sufragio, debe ser distribuida considerablemente, para poder apoyar la democracia", escribió John Taylor, congresista de Virginia en 1814, "por lo que una proporción considerable de riqueza en muy pocas manos, la destruirá... La mayoría debe tener riqueza o perder el poder".

Décadas más tarde, Louis Brandeis, abogado litigante, Juez de la Corte Suprema de Justicia, y defensor del derecho a la privacidad, dijo crudamente: "Podemos tener democracia; podemos tener riqueza concentrada en manos de unos pocos; o podemos tener ambas cosas a la vez."

Las reformas de la Era Progresista de comienzos del siglo XX salvaron la democracia norteamericana en aquel momento, pero hoy el poder político de la gran riqueza ha resurgido de nuevo con fuerza.

Y he aquí a Mitt Romney, muchacho elegido para defender al cartel de los super-ricos.

Hasta ahora, el Congreso ha fracasado en eliminar absurdas lagunas fiscales, por causa de las generosas donaciones de dinero dadas a los políticos por parte de empresas como Bain Capital y otras.

En las elecciones del 2012, Romney no sólo le prometió a los ricos bajarle sus impuestos a cambio de donaciones de dinero a su campaña, sino que también prometió que, si era elegido, iba a derogar lo que quedaba de la "Ley Dodd-Frank" intento de reforma financiera para tratar de impedir que se repitiese la crisis del 2008.

A diferencia de elecciones anteriores, en las que los donantes se cubrían las espaldas donando a ambas partes, ahora los super-ricos le dieron la mayor parte de su dinero a Mitt Romney.

Y gracias a la Corte Suprema que parece decidida a magnificar el poder político de los ricos barones de hoy, se puede donar un montón de pasta.

Quiero aclarar, que no creo que Romney sea peor que cualquier otro capitalista de casino de esta nueva Era Dorada. Es igual.

Muchos super-ricos justifican sus crecientes riquezas, en un momento de gran empobrecimiento del resto de la población, con explicaciones muy similares a las dadas por los defensores del darwinismo social.

En Estados Unidos, un número significativo de super-ricos, han transformado sus ganancias en escudos para proteger sus apuestas sin restricciones y mantener sus preferencias fiscales, mismas que a su vez alimentan sus fortunas aún más.

Wall Street ya casi ha destripado la "Ley Dodd-Frank", convirtiéndola en un queso suizo de 
lagunas y exenciones.

Romney es un capitalista de casino que fue candidato a Presidente, en el mismo momento en que la historia de la nación nos enseñaba que sus puntos de vistas son un peligro claro y presente para el bienestar de los más pobres y de la clase media.

Romney dice que es un hombre de negocios que crea empleos, pero en realidad es sólo un gato gordo, en una era de felinos excesivamente corpulentos.

Un plutócrata que vive en esta nueva época de plutócratas.

Que el Partido Republicano haya hecho de él su abanderado en este momento de la historia de América es asombroso.

Así que me alegra que los votantes demócratas conectasen los puntos.

Y es que Romney no pudo vender la idea de admiración hacia los negociantes financieros.

Hoy, casi tres cuartas partes de los estadounidenses creen que a "Wall Street sólo le importa ganar dinero para sí mismo."

Eso no es sorprendente, dado que muchos todavía tenemos las cicatrices del 2008.

Una de las grandes razones por las que Romney perdió las elecciones el pasado 6 de noviembre, es porque los estadounidenses no están satisfechos con la acual concentración del ingreso y de la riqueza.

Las elecciones demuestran que la mayoría quiere que se recaude más impuestos de los ricos y una mayoría se opone a los rescates, subsidios y exenciones fiscales especiales con las que han acolchado sus nidos.

Sospecho que una razón profunda para la reticencia hacia la boleta Romney/Ryan, es que los votantes descubrieron que Romney es el epítome de lo que está fundamentalmente mal en la economía de ellos.

Pienso que los votantes reconocieron que la catástrofe económica que tenemos ahora, que causa tanto sufrimiento a tanta gente, tiene en su raíz y es culpa, entre otras, de los incentivos fiscales perversos dadoos en favor de los capitalistas de casino.

Espero que Obama se proponga revertir esta tendencia y sea lo suficientemente valiente como para hacer el trabajo.

El tiempo dirá si el Presidente, y el Partido Demócrata tuvieron el coraje y la imaginación de hacerlo.